"El amor es un invento para no pagar putas"

29 septiembre 2016

David vs Goliat del S.XXI

Los malos siempre ganan. Es un hecho. Debería quitarme el disfraz de David, que este Goliat me está quedando demasiado grande y me he agotado de tanta lucha absurda. ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? ¿La pérdida de tiempo y el esfuerzo implicado?. Minucias. Si los malos siempre ganan y a mí no me llega ya para más cajas de dormir ni para más ánimos para luchar por ello. Whisky, tabaco y ansiolíticos, yo opino que es un cóctel cojonudo y la mar de eficaz para caer en un letargo suficientemente largo como para que simplemente pase el tiempo.

Los malos siempre ganan, no sé por qué me empeño en creer que no.

Estúpida.

Despertadme cuando haya pasado todo, que me da una pereza sobrehumana vivir mi vida un rato más.

26 febrero 2016

Viernes

El otro día me dijeron que era muy parca en palabras cuando de vomitar mis entrañas se refiere, así que me quedé un rato reflexionando sobre ello hasta que me sobrecogió el miedo, lo aparté a un lado y me encendí un pitillo. El problema es que esa afirmación decidió echar raíces y me sorprendo ahora dándole vueltas cuando en realidad lo único que me apetecería hacer es echar un polvo y quedarme dormida. Pero no, aquí estoy yo analizando si padezco alexitimia o si simplemente al final conseguí convertirme en piedra. O todo lo contrario, que quizá de tanto sentir, me he dado la vuelta y soy inmune. Creo que mi propia kryptonita viene destilada y en botella y me otorga temporalmente el don de la expresión y la putada de la resaca. Menos mal que ambas se pasan deprisa y puedo volver a mi concha.

Tía, vete a la puta cama, que la fiebre te sienta de pena y te vas a quedar sin tabaco fumando a este ritmo. ¿Por qué fumas tanto cuando escribes?.

11 diciembre 2015

Ella y su concha.

+ Te desbordas otra vez.
- Lo sé.
+ ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- No tengo jodida idea.
+ Arráncalo. Arráncalo de cuajo, no tiene tanta raíz.
- No quiero.
+ ¿Cómo que no quieres? ¿No ves que te duele?
- Sí, pero...
+ ¿Pero qué? Te duele, lo eliminas, fin del problema.
- Tienes razón.
+ No naciste para esto, asúmelo ya. Naciste para vivir en esa preciosa concha que hemos ido construyendo, ese lugar confortable donde lamerte las heridas y sabes que ahora mismo la necesitas más que respirar.
- Ya, pero ¿y si pruebo algo distinto?, quizá pueda abonar y hacer que la raíz profundice bien en este barro y no sé, hasta hacerlo florecer de algún modo, al sol, con luz.
+ No perteneces a la luz y lo sabes.
- Bueno, pero...
+ No te mereces la luz y lo sabes.
- Pero quiero ganármela, necesito ganármela, estoy hastiada de tanta ostra. De tanta hostia.
+ El mundo es un lugar terrible, plagado de gente horrible y tú no encajas en él y tampoco podrás hacer de ese asqueroso sitio un lugar mejor, porque parece mentira que no lo hayas aprendido todavía, no sé cómo te resistes tanto si, total, no hay nada como ser una hija de puta desalmada, porque sea cierto o no, seguirás siendo odiada por el mero hecho de existir, así que puestos a comer mierda, ¿qué tal si te comes la tuya propia y no la que otros lanzan contra ti?.
- Eso es algo que no puedo rebatir porque sé que tienes razón, pero hacer eso me convierte en ellos y no estoy dispuesta.
+ No me vengas con gilipolleces, la bondad no existe.
- Yo trato de serlo...
+ No, tú eres gilipollas. Una subnormal que se deja afectar sin necesidad por las frustraciones ajenas, y lo peor de todo es que lo sabes, eres consciente de ello, y ni por esas. ¿Qué más necesitas? si al final el odio te envuelve igual.
- Tienes razón.
+ Anda, tonta, ven, dame la mano.

Y Ella, dubitativa, se quedó mirando esa mano, con sus pies clavados en el suelo, sin tener jodida idea de qué hacer.

15 noviembre 2015

Meh.

Todo el mundo se empeña en decir que con miedo no se vive. Me pregunto pues cómo se supone que he podido vivir yo todos estos años. Quizá la frase más acertada sería que con miedo no se vive tal y como la sociedad te dice que debes vivir, porque vivir, respirar y caminar con miedo se puede.

Otra cosa es que no se deba.

Ella pugna por salir y trato de sofocar su ira a soplos cortitos y constantes. No sé si en realidad estoy avivando más sus brasas.

21 octubre 2015

1

Abre la ventana, que quiero ver el humo del pitillo salir en espirales desde mi garganta y ya que te vas a levantar, podemos hacer jirones esta ropa usada y acabar con el salón sepultado como si hubiésemos tenido una guerra de almohadas de esas de las películas americanas. Si me preguntas en qué pienso se me desbordarán las palabras por los ojos y luego tendrás que encargarte tú de ordenarlas y barrerlas, hacerte un libro a tu medida, con una historia ficticia que se adapte a todo aquello que esperas de mí, aunque sea de mentira. En esta casa, la felicidad se mide en grados, gramos, volumen y orgasmos, y la puerta está siempre abierta para que te vayas, pero me disculparás si no te acompaño, hace tiempo que dejé de empatizar con los protocolos y el alma la vendí por un par de cigarrillos y media sonrisa. Porque una puede pudrirse por dentro, pero dame un bonito pintalabios rojo y haré magia. Y ya una vez en la calle, mira el bolsillo de tu chaqueta y sonríe, que esa será toda la prueba que te quede de esta ilusión. 

Me terminé el whisky. Qué desastre.

18 octubre 2015

Arte. - Primero -

"La primera vez que la vi era una noche como cualquier otra. No era un día especial, solamente un día entre semana, demasiado tarde para una chica como aquella.

Estaba absorto leyendo en un rincón y recuerdo levantar la vista en cuanto entró. Fue instantáneo, acción reacción, en cuanto la puerta se estaba cerrando tras ella yo ya había quedado atrapado en su silueta, como un imán. Hay pocas mujeres en el mundo que causen ese efecto, o al menos, que causen ese efecto en mí. Hace años que este mundo dejó de impresionarme y entre todo ello también se encuentra la belleza de las mujeres, que dicho sea de paso, en estos tiempos que corren no es para nada de mi gusto.

Entró un poco tambaleante, lo que me hizo entender rápidamente lo poco acostumbrada que estaba a los tacones, y es curioso que pensase en eso antes que en su posible embriaguez, al fin y al cabo, ¿qué hace una mujer como esa en un bar de mierda de madrugada?. Nada bueno, seguro. Mi pasión por observar sujetos y crearme hipótesis de sus vidas desde mi cómoda posición de espectador me hace pasar horas maravillosas alejado de la realidad. Por descontado ella no iba a ser menos y era un maldito regalo para la vista, así que mirarla y analizarla iba a ser mi pequeño placer de la noche.

Si algo bueno tiene este bar es que uno puede ser un desgraciado a su antojo. Nadie pregunta, nadie te juzga, seguramente porque todos los que acabamos aquí somos unos despojos absolutos de la sociedad. Os diría que somos unos genios incomprendidos, pero nada más lejos de la realidad, solamente somos deshechos humanos sin cabida en el mundo. Y eso está bien, al menos tenemos un vertedero acogedor en el que refugiarnos, un antro acorde con nuestras almas y con suficiente alcohol y poca luz para pasar sin pena ni gloria unas cuantas horas al día.

Así que partiendo de esa base la presencia de aquella chica me causaba una curiosidad espantosa. 

Comencé bautizándola, así que os la voy a presentar como Artemisa y os la abreviaré como Arte, cosas de mi obsesión clásica y porque había algo en ella que me hacía pensar en una cazadora infalible. Llevaba un abrigo de color borgoña y unos altísimos zapatos de tacón que hacían de sus piernas un par de columnas kilométricas enfundadas en unas medias baratas y con carreras. Cuando Tom, nuestro camarero y sanador de almas se acercó, ella pidió un whisky. Ninguna buena mujer que se precie bebe whisky, lo cual hizo que ganase todavía más interés. No me pareció que pidiese ningún tipo de whisky en concreto, probablemente a esas horas ya le daba igual y mientras llevase alcohol le bastaba.

Se quitó el abrigo y lo dobló cuidadosamente para dejarlo en el taburete de al lado. Buscó en un minúsculo bolso, sacó una cajetilla metálica y la dejó encima de la barra. Cuando Tom le dejó el vaso delante, lo bebió de un trago y exigió otro. Sí, lo exigió. No fue amable, no fue tierna ni simpática, solamente espetó "otro" sin tan siquiera mirarle a la cara , con una voz rascada y seca. Bebió de nuevo, de golpe, con un movimiento contundente, ansiándolo. Otro, volvió a decir.

Me parecía fascinante, Arte era el tipo de mujer que aparentemente lo debería tener todo. Iba bien vestida, como si hubiese tenido una cena importante, quizá de negocios, quizá con un amante adinerado. Llevaba un precioso vestido negro ajustado, impoluto, solamente un poco arrugado en el culo, esa típica arruga de estar sentada mucho rato. Seguramente había llevado un bonito recogido en el pelo, pero ahora había perdido su esplendor y le caían mechones desperdigados que deberían estar sujetos por horquillas. También debía haber salido perfectamente maquillada de casa, pero a esas alturas apenas quedaba un resquicio de carmín reseco y unas pestañas apelmazadas.

El tercer trago lo tomó despacio, pensativa, muy pausado. Nada que ver con las dos primeras veces. Sacó un pitillo de la caja metálica y lo encendió con cerillas. Alguien debería regalarle un mechero.

Se apagó. Es como si esa tormenta que llevaba encima cuando entró, se hubiese aplacado con el alcohol y ahora daba paso a una calma reflexiva. Probablemente estaba analizando su noche, la cual no debería haber salido como ella esperaba, porque nadie que tenga una buena perspectiva de su velada debería acabar en ese jodido bar. Quizá era una mujer exitosa, una empresaria en auge, alguien importante que no había podido cerrar un negocio vital o quizá había salido a cenar con su pareja, esperando que hoy fuese por fin la noche en que iba a pedirle matrimonio después de 5 años de noviazgo turbulento y resultó que en vez de un anillo de diamantes se había llevado una bonita corona de astas. 

Estaba yo dibujando toda su posible vida en mi cabeza, buceando en los detalles inventados y recreando sus patrones de conducta cuando me di cuenta que se estaba abrochando el último botón del abrigo. Y se fue. Salió tranquilamente y se esfumó. Sin drama, sin estruendo.

Me quedé helado, fue como un polvo interrumpido. Me había dejado desubicado. Una maldita desconocida me había conmocionado y había tenido el valor de irse sin más, sin dirigirme ni una sola mirada mientras yo estaba poniendo todos mis sentidos en ella.

Esa fue la primera noche en vela, perdido. Y hubo tantas...

Pasaron un par de semanas, y en ese tiempo me hice a la idea de que jamás volvería a verla, había sido como un suspiro, una simple viajera que cayó en ese rincón de la ciudad por casualidad. Pensé que probablemente habría vuelto con ese hombre que no la valoraba, o que habría cerrado ese trato y estaría volando en primera clase hacia algún rincón de Europa. Extrañamente me sentía triste y me resultaba patético, uno no puede trastornarse tanto por un par de turgentes curvas.

Un día llegué al bar más tarde de lo habitual, la ciudad se colapsa cuando llueve y la gente se vuelve gilipollas, por lo que el taxista tardó mucho en recorrer el camino. Entré mientras cerraba el paraguas, gritando ya desde la puerta para que Tom me sirviese lo de siempre, me sacudí la gabardina y me quité el sombrero. Y unos ojos verdes me penetraban el cerebro desde el fondo de la barra.

Allí estaba Arte, agarrada a un vaso, mirando hacia la puerta, mirándome. Le sonreí. No movió ni un solo músculo de su preciosa cara. Bebió. Otro, dijo bajito.

Me dirigí a mi mesa de siempre, con sus ojos pegados a mi nuca. Estaba nervioso, como hacía años que no estaba. Me intimidaba, así que me senté de espaldas a la barra, cosa que no he hecho en los 10 años que llevo viniendo aquí. Tom me trajo el vino y se fue, nunca hemos sido de hablar, yo bebo y pago, él sirve y no pregunta, una relación jodidamente sana.

Al poco, unos tacones rasgaron la madera del suelo hasta mi mesa. Se sentó frente a mi y me miró fijamente, de nuevo.

- Te estaba esperando."

24 junio 2014

Otra hornada reflexionesca.

Decálogo del follamiguismo (o cómo no comportarse como un subnormal):

Todos tenemos una edad más que suficiente para comprender el término follamigo. Es más, probablemente nos hayan o hayamos etiquetado con esa etiqueta (redundancias mágicas de esas que me molan) y en caso de que todavía no, no pasa nada, en algún momento ocurrirá. La etimología de la palabra follamigo es altamente obvia y todos alcanzamos a entender su significado (en caso de que no, mamá Wikipedia nos ilumina con esta definición). Así pues, el follamigo es eso, un amigo (en realidad no es necesario que sea amigo, puede ser conocido, colegui, cosa) al que te tiras y que se te tira, y ya. Se desarrolla un acuerdo tácito donde de forma esporádica quedas para polvear con el otro después de una llamada o un whatsapp (en esta era moderna cabe todo) y cuando terminas te piras y tan felices todos con la alegría en el cuerpo.
Lo que diferencia un follamigo de un polvo de una noche es que hay algo en el otro que te apetece más, por lo que te cunde repetir, ya sea porque tiene una supercabeza inteligente que te deja lela o porque tiene otra supercabeza que también te deja lela y con tembleque. Loquesea, aquí cada uno con sus motivos para la repetición. Feel free.

Es fácil, ¿si?, es realmente la cosa más jodidamente fácil que hay. Es tan fácil como sumar 1+1 o la maldita tabla del 0. Pues llegamos ahora al punto álgido del tema, a la caja de pandora del follamiguismo, a la pregunta que TODA la humanidad se hace y que tanto cuesta responder, LA pregunta, el SUMUM de las jodidas preguntas: ¿Cómo termino con un follamigo?.
¡Tachán! ¡Esa es la pregunta! "Porque claro, cómo voy a terminar algo que no es nada, cómo voy a decirle..." EH, FRENA. 
La jodida respuesta a esa pregunta es: Siendo persona. ¡Oh! ¡OH JODER! Os acabo de descubrir el Santo Grial de la humanidad, la respuesta mágica del mundo aplicable a todas las vertientes de nuestra vida es "SIENDO PERSONA". Pues menuda mierda de descubrimiento, diréis... ¡Pues no!, por lo visto esta cosa tan básica no cala en la mayoría de mentes pensantes. Así pues, como el estado de follamigo es uno de los más fáciles que hay, igual de fácil tiene que ser terminar con ello, algo así como sentarse con el otro y decirle: Oye, que ya no me cunde follar contigo. Y ya. Sin drama, sin locurismo, sin histerismo (y si hay de todo eso, la culpa es del otro por no ser consecuente consigo mismo y por esperar algo que no es, ergo es su jodido problema). Lo bueno y genial del follamiguismo es eso, y si uno de los dos siente cosas más allá, pues que se lo diga al otro y ya estará (o igual resulta que los dos os amáis locamenti y decidís tener una pseudorelación amorosa que estropeará el buen sexo que tenéis ahora). Sea como sea, básicamente se trata de COMUNICACIÓN y de tratar al otro como una persona siendo tú mismo persona, si es que no hay más misterio.

Que tenemos más que arraigado que con una pareja (me salen sarpullidos en los dedos cuando tengo que escribir esto) hay que terminar formalmente con una charleta/drama/peliculón por esas cosas de un vínculo recíproco en el pecho o algo así y por la mayor o menor durabilidad de la misma pero nos entra el pánico cuando tenemos que sentarnos frente a alguien para decirle algo, aunque sea para decirle un "oyequeyoya".

Así que no, apelar al tan manido "yo sudo de todo y ya se dará por enterado/a" es una cobardía absurda y absoluta digna de tristes de la vida. Y dejadme que os diga que solo os hace quedar como unos soberanos soplapollas, que os complicáis la vida de forma tonta y os liáis mucho y muy fuerte de forma completamente gratuita.

 Sed personas, joder, que es casicasi tan fácil como ser follamigo.

Con amor.

20 marzo 2014

Más reflexiones poco útiles.

"Odio la debilidad. Es algo instantáneo. Percibo la debilidad y me echo atrás, me retraigo. Entendámonos; no me repele el débil que lo es por circunstancias ajenas a su propia voluntad, el que no tiene recursos, hablo del débil por cobardía, de aquel que pudiendo, se escuda en mentiras y en dar pena para no afrontar su vida, pretendiendo que otros le solucionen la mierda. La debilidad por comodidad, como modo de vida, en el día a día, porque sí, para huir, para desentenderse. Me refiero a ese tipo de gente tremendamente egoísta que solamente vive para él mismo, utilizando al resto para su beneficio más ególatra, porque ya sabemos todos muy bien que el egoísmo nos permite sobrevivir, pero la egolatría mata, aunque no a quien la porta, se carga el entorno y se lo carga sin consecuencia alguna para el sujeto, porque una vez extermina lo que hay alrededor, huye en busca de algo que poder destrozar.

En un mundo plagado de personas, no puedo evitar preguntarme por qué tengo la grandiosa fortuna de cruzarme con este tipo de especímenes con más frecuencia de la que desearía. Por suerte y dado que no soy idiota el cien por cien de mi tiempo, consigo detectarlos con bastante rapidez y con los años he aprendido a alejarme mucho antes de que consigan salpicarme. Pero aún así, por poco que sea, causan algún estrago. De todos modos, tratando de sacar lo positivo del asunto, me sirven como sujeto de estudio para mis putas divagaciones de incomprensión sobre la humanidad, como la que hoy me ocupa, vaya.


Me pregunto qué tipo de broma cósmica debe haber para que este tipo de gente sobreviva a la selección natural, es algo que verdaderamente me tiene intrigada y probablemente por eso le dé tantas vueltas. Gente tóxica que va repartiendo engaños con el mero fin de salvar el culo, sin importar nada más, portadores de excusas infinitas que se quitan culpa propia porque son unos pobrecitos del destino, porque, como dice la canción, "el mundo les ha hecho así". Se creen sus propias mentiras, pero lo más preocupante es que hay otros que también les creen, y caen. Pican el anzuelo, y en ese momento, sin ellos ser conscientes, comienzan un declive en espiral con un fondo muy jodido, donde el sujeto principal no va a llegar a caer jamás, ya os lo digo.


Crean el caos en la vida ajena, se adueñan de la buena intención, se quedan con la energía del otro y lo agotan, lo arrasan. Y salen indemnes. 

Obviamente viven su propio infierno, de eso no cabe la menor duda, por supuesto me gustaría creer que si fuesen conscientes de ello y tuviesen un par de cojones no harían todo lo que hacen, pero el problema es que cuando tienen algún momento de lucidez al respecto, cuando se miran, se escuchan, cuando se prestan atención y ven su propia mierda consumiéndoles las entrañas, echan a correr de nuevo, huyendo de algo que creen que, dejando atrás, desaparecerá como por arte de magia. Lo que me sorprende es que no se den cuenta de que las cosas jamás se quedan atrás, las arrastras contigo, a veces no varían, pero la mayoría de veces se complican, se suman a otras, se multiplican, cogen fuerza. No afrontar tu mierda no la hace desaparecer, solamente la pospone, hasta que es tan grande que te aplasta.

Y permitídme decir que muchas veces, los caminos para correr se acaban, llegan a un punto muerto. Y entonces la mierda te alcanza de forma inexorable. Con lo cual, llegados a ese punto solo tienes dos opciones: o mueres o creces. No hay más."


Buenas noches.